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miércoles, 2 de marzo de 2016

Rituales antes de competir

No soy bruja, ni medium, ni Sandro Rey disfrazado de nadadora, pero después de tantas batallitas compartidas con el equipo puedo visualizar perfectamente lo que va a pasar estos días en los momentos previos a la competición...


La noche anterior

Gemma, aunque tenga que aguantarse los ojos abiertos con palillos del cansancio, pondrá en práctica el "no te acostarás sin leer una página más". Dedicar unos minutos a la lectura es su forma de canalizar la energía antes de ir a dormir, para coger el sueño con menos nervios. Seguro que en la cena o de camino al cuarto hace una videollamada con sus dos hijos rubitos y espabilados que le recordarán con toda convicción que su mamá es "la más guapa y la mejor del mundo". 

Unas habitaciones a la derecha, imaginando que lo vemos todo con una cámara oculta cenital, nos encontramos a Clara, esitrada en la cama con los cascos puestos (para no traumatizar a Cris con rituales musicales). Esta soy yo. Mi introducción a la calma cuando se avecina la tormenta (o se atormenta la vecina, ahora no lo recuerdo bién) consiste en sumergirme en la Séptima sinfonía de Beethoven. Como cada ritual, tiene una história, y es que Andrea me dejó escucharla antes de mi debut en un mundial absoluto y desde entonces es mi inyección de seguridad y confianza para todas las competiciones.


Pijama de "murciégalo", 7a sinfonía y alineación de los astros son la clave del éxito

Paula Ramirez tiene bien guardada en su mesita de noche una fotografía que hace años le regaló su madre (que junto con la de Cecil forman el dúo de cheerleaders más profesional de la história de la sincro). Antes de cerrar los ojos volverá a leer el mensaje que se oculta detrás de esa foto, que le recuerda el sueño que persigue desde que era una niña. Y con ese eliciente y motivación pasará a la fase rem más rápido que un colibrí estresado. Es una gran virtud tener facilidad para dormirse!


Ya en la piscina

Clarita, alias "missis preparación de artilugios", se asegurará por enésima vez de que ha dejado sus cosas perfectamente ordenadas al lado de la mochila: chanclas rectas delante de su botella de agua, toalla doblada con escuadra y cartabón...

Ona, después del mítico "patas arriba esto es un atraco", que consiste en estirarse un buen rato con las piernas en alto, va a solicitar asistencia de alguna de las entrenadoras para que le mueva los brazos y las piernas. Entre ella y Sara que, por su salud física y mental, necesitará sí o sí petarse todos los dedos de los pies para estar a punto, igual por un momento parecemos las muñecas de Famosa en proceso de articulación.


Ona recuperando la circulación sanguínea después del "patas arriba"

Al contrario que Ona, Txell no podrá estar ni un minuto quieta antes de competir, ella necesita moverse, calentar y también echarse agua por encima constantemente y Cris beber todo el rato sin parar, como si no hubiera mañana. Luego está Alba que no saltará al agua sin dar una palmadita en todos los culos del equipo.

Y finalmente, para la colocación de pinzas cada una tiene su estrategia. Por ejemplo Sara y Txell se las van a poner y sacar de la nariz tantas veces como sea necesario para asegurarse de que no se les van a caer y Paula Klam se encargará de que alguna entrenadora custodie sus "pinzas de entreno" medio gastadas para competir con unas nuevas. Alba, al estilo misión imposible, esconderá las de repuesto en su bañador de manera que en caso de emergencia pueda cogerlas con un solo dedo. Y Cecil sin duda llevará por lo menos tres de recambio, no vaya a ser que llegue el ataque de las anguilas psicópatas y ladronas de pinzas en plena actuación.


Camuflar el repertorio de tattoos también es una parte importante dentro de los rituales de cada una


Podría apostarme una aceituna a que todo esto va a pasar de la forma que lo he contado, y quienes me conocen saben que nunca jugaría con algo así sin estar completamente segura.

jueves, 8 de octubre de 2015

El corredor de la muerte

Llevas un año preparándote para ese momento, y aunque lo has repetido decenas, cientos y millares de veces te tiemblan las piernas. “Te piernan las tiemblas”, que diría alguna en pleno ataque de pánico irracional…

El tema es que vas a saltar en una piscina, como siempre, acompañada por tus siete compañeras de siempre y que cuando suene el “piiip” van a nadar contigo al ritmo de la música, como habéis hecho siempre. Hasta aquí todo bien. Pero no olvidemos un pequeño detalle: puede ser que en esa piscina haya más de 10.000 personas esperando ver tu actuación, y des del sofá de su casa otras tantas. De todo el mundo. Además de los jueces que a pie de piscina, unos metros por encima del agua, estarán examinando con lupa cada uno de tus movimientos.

Justo antes de salir

Así que llevas todo el año preparándote pero de repente llega el momento y piensas: "Manual de instrucciones por favor? Alguien puede parar el tiempo para asumir la magnitud de todo esto?"

Afrontar este tipo de situaciones, donde la presión es tan palpable que hasta podría sacarte un ojo, requiere que trabajemos muchísimo la cabeza. Visualizamos las coreografías, entrenamos bajo diferentes estímulos, preparamos el cuerpo frente a posibles imprevistos, ensayamos simulacros de competición, analizamos nuestro comportamiento para prevenir situaciones de estrés descontrolado…

Y entonces llega. Estás en la competición y te llaman para presentarte con tu equipo a la siniestra y terrorífica “cámara de salida”. The last call room. Así en inglés incluso parece el título de una película de miedo. La típica donde un grupo de jóvenes queda atrapado después de una intrigante y espantosa persecución… Pero no. Allí es donde todos los equipos de la competición pasamos los “últimos minutos” antes de salir a actuar.

Como más importante es el campeonato, más seguridad, restricciones e instrucciones existen para hacer el simple acto de: ir hasta la piscina y nadar. En este caso nos trasladamos al mundial de Kazan...


El camino hasta la piscina de competición


Normalmente suele haber un pasillo que conduce a una primera sala de reconocimiento. Nosotras lo solemos llamar el corredor de la muerte porque en ese momento te parece lo más lóbrego y tenebroso del mundo. Y también porque, todo hay que decirlo, somos bastante exageradas. Empiezas la excursión con alegría, haciendo alguna broma con tus compañeras, pero con cada minuto que pasa tu corazón multiplica exponencialmente su frecuencia cardíaca y tienes que poner en práctica todos los métodos de autocontrol que se te ocurran. Todas intentamos disimular los nervios para no asustar a las demás pero por dentro… Como describirlo… Parece que tengas en tu estómago una tribu africana bailando una danza étnica con lanzas y fuegos artificiales.

Primeros pasos en el corredor de la muerte de Kazan 2015.
Frecuencia cardíaca normal, nivel de locura alto.

Último repaso

Avanzando por el pasillo llegas a la susodicha sala. Allí, te encuentras con algunos equipos y a una mujer acreditada y bastante seria que con una libreta pasa lista de las titulares del equipo. No fuese que estuviéramos ocultando alguna infiltrada. Después de este pequeño trámite repasamos la coreografía en un corro para visualizarla por última vez y transmitirnos toda la energía del mundo mutuamente.

En el sentido de las agujas del reloj y empezando por la izquierda:
Cristina, Paula, Alba, Clarita, Cecil, Sara, Txell y Clara.

Mientras tanto, otra señora también seria y acreditada va llamando a los equipos que actuarán delante del tuyo, con algunos de los cuales intercambias sutiles miradas felinas. Y finalmente la mujer que controla el paso se acerca para invitarte a seguir con la expedición. Este es el último tramo del pasillo, todavía mucho más lóbrego y tenebroso que el primero y habitualmente frío, por lo que todas vamos bastante tapadas y disfrazadas con los calcetines por la rodilla y el albornoz de maruja del quinto. Un auténtico pase de modelos.

Llegando a la piscina con las entrenadoras de "coche escoba".
No fuese que a alguna le diera una pájara inesperada por el camino.

Durante ese trayecto (que igual son 10 metros pro a ti te parecen 280, y si hay escaleras ni te cuento) ya empiezas a oír la música de los otros equipos, que ya están compitiendo, y eso te pone los pelos de punta. Para colmo te das cuenta de que comienzan a subir escandalosamente tus niveles de adrenalina, serotonina, bilirrubina... Y porque no te sabes más, que si no también te subirían.


Puesta a punto

Y por fin te encuentras en la Last call room con los dos equipos que te preceden. Es el último paso antes de competir y cada una empieza con sus rituales y ejercicios de calentamiento. Aunque unas horas antes hemos entrenado en el agua, necesitamos activarnos justo antes de nadar. El ejercicio dura solo 4 minutos y debes empezar al 100% de tus capacidades, desde que subes el primer escalón de la tarima.

Activando el cuerpo antes de salir.
Que nadie pierda detalle de la entrenadora rusa pasando sospechosamente por detrás...

Hay pocos momentos de tanta intensidad como la que vivimos en ese cuarto. Son momentos de concentración mezclada con euforia, la antítesis de seguridad y nervios, todo en uno. Cuando tu cuerpo está reclutando toda su energía para dar la mejor versión de si mismo, sientes como a tu alrededor se crea una áurea de fuerza indescriptible. Antes de que nos den esa “última llamada” nos cogemos de las manos en silencio, nos miramos las unas a las otras y depositamos toda nuestra confianza en ese momento en el que saldremos a hacer lo que hacemos siempre con más ganas que nunca.


Importantísimo la transmisión de buenas vibraciones

viernes, 31 de julio de 2015

Patas arriba

Todos los que nos conocéis y habéis convivido con nosotras sabéis perfectamente que cuando viajamos no podemos estar más de diez minutos sentadas en una posición normal. Es decir sin poner los pies en el reposa cabezas del asiento de delante o donde sea para estirar las piernas.

Ya es un ritual del equipo llegar al típico autobús de la organización, que siempre nos recoge en el aeropuerto, y sentarnos todas patas arriba. Me acuerdo que una vez viajando en avión hacia México, de repente se me acerca un azafato y me dice: perdona, tus compañeras se sientan un poco raro, no? Y efectivamente saco la cabeza por el pasillo y veo todo de pies saliendo como antenas por encima de las cabezas de los pasajeros... La gente debe alucinar con nosotras.



Y hago esta introducción porque para nuestra sorpresa, al llegar a la villa, la primera norma que nos comunicó nuestro amigo Constantin (un voluntario que por cierto sospechamos que se quiere casar con Cecil o algo así) fue: "lo siento por vuestra flexibilidad pero en estos autobuses está prohibido poner los pies en cualquier lugar que no sea el suelo". Un escándalo total. El resumen es que llevamos un récord de dos semanas sentándonos como la gente normal.

Todo sea para que no se enfade Constantin... Al principio pensamos, estas normas tan raras que significan? Los rituales de los deportistas no se tocan. Pero luego empezamos a observar fenómenos paranormales de los de la organización, como por ejemplo que cada vez que subíamos al bus sellaban las puertas con pegatinas (por si entrara algun indeseable durante el trayecto), y cada vez que llegábamos a la villa un hombre vestido de camuflaje se ponía a mirar los "bajos" del transporte con un espejo con ruedas... (por si encontrara algun regalo relleno de dinamita). Así que nuestra intuición nos dice que a esta gente le preocupan los atentados terroristas. No se en que puede interferir poner las piernas en alto pero por si acaso seguiremos sin hacerlo.



Y ahora entre tú y yo, cuidado con las apariencias porqué detrás de estas sonrisas se encuentra alguna terrorista infiltrada... Menudo peligro!

miércoles, 22 de julio de 2015

Como Vladimir por su casa

Después de unos días de aclimatación en Rusia casi empezamos a sentirnos como en casa. Remarco el "casi" porque después del último mundial en Barcelona es difícil sentirse tan arropado en cualquier otro lugar del mundo.

Como es lógico, lo primero que hicimos solo llegar a la villa de deportistas (la misma donde se celebró la Universiada 2013) fue descargar el equipaje y empezar a organizar nuestras habitaciones. Lo que no es tan lógico son las maletas tamaño trailer que nos hemos traido todas como si viniéramos aquí a exiliarnos para siempre. En verdad miento, todas excepto Pau, el único chico de la expedicion junto a nuestro fisio António, que le sobraba tanto espacio en su maleta que más bién parecía nuestra mochila de entreno. Ya os contaré más cosas sobre la nueva incorporación masculina del grupo, pero se ha adaptado como un hermano más en la família.

En segundo lugar pasamos al plan "hola bricomaníacos, hoy taparemos las ventanas con bolsas de basura porque a las 3 de la mañana se hace de día y aquí no existen las cortinas". 


El aspecto final no es muy glamuroso pero como comprenderéis nos interesa bastante descansar decentemente por las noches. Y con lo apañaditas que somos en un momento zanjamos el asunto.

También nos caracterizamos por ser bastante observadoras y cuirosas, por lo que para empezar a familiarizarnos con la lengua nos estamos aprendiendo el alfabeto ruso y vamos por todas partes leyendo carteles como cuando los niños empiezan a leer. Aquí todas las indicaciones del recinto están traducidas al inglés, pero tengo que decir que la primera vez que estuvimos en Rusia, Campeonato del mundo junior en San Petesburgo (con Ona, Cris, Marga, Irene, Laia, Paula, Muriel, etc.), el panorama fue muy distinto. Nos llevaron a un sitio bastante terrorifico que parecia el castillo encantado, donde los muelles de la cama te sacaban un ojo y la luz del ascensor se apagaba cuando subías... Por todas partes sólo aparecia información en ruso, incluso si preguntabas a los de la organización te respondian en ruso, así que había menos facilidades que cuando intentas subir al autobus en hora punta. Y me acuerdo que siempre leíamos un cartel donde ponía "PECTOPA", que si lees en su alfabeto significa "restaurant" pero nosotras lo pronunciábamos a lo rusañol y los voluntarios nos miraban raro... Total que "pectopá" se ha quedado como nombre oficial de "comedor".

Y volviendo al momento presente, digo que nos sentimos casi como Vladimir por su casa porqué en nuestro edificio de la villa, donde vivimos en mini pisos por parejas, nos han asignado una especie de tutoras que se encargan de que no nos falte nada y todas hablan bastante bién el castellano. Así que podemos decir que nos estan cuidando con cariño.

El otro día bajé a pedir hielo, el mejor amigo del deportista, y me encontré con dos chicas en recepción. Siempre se ponen contentas cuando vas a preguntarles algo, así pueden practicar el idioma, pero esta vez pusieron cara de incertidumbre y se miraron entre sí como diciendo "se lo dices tu o yo?". Y al cabo de unos segundos de silencio incómodo una se me acerca y dice: - Solo es posible con propósitos (aquí se atascó un poco y la otra la tuvo que ayudar a terminar la palabra) deportivos. Tuve que contenerme para no ponerme a reir, y por un momento pensé con qué pintas debia estar yendo por la villa para que se pensaran que queria preparar unas copas o algo por el estilo... En fin, por suerte entendieron que mi único propósito era deportivo y me fui tan contenta con mi bolsa reparadora de lesiones.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Tú lo que estás viendo es un equipo de sincro

Las 16 pruebas infalibles

En nuestro medio natural somos inconfundibles. Nuestro preparador físico Oscar siempre nos recuerda una frase del Gran Wyoming que dice… “te pareces a las de natación sincronizada, que se pasan media hora debajo del agua y luego salen sonriendo como si estuvieran locas”. Pues sí, puede que en el agua parezca que estamos locas, pero fuera del agua todavía más. Cuando vamos en grupo a veces nos pensamos que continuamos en nuestro medio, y nos comportamos de formas un poco sospechosas… El otro día tratamos de enumerarlas con las del equipo.

Si alguna vez has percibido varias de estas señales en un grupo de chicas te aseguro que era un equipo de sincro.


  1. No podemos estar más de diez minutos sin recordar algo del entreno.

    Imprescindible la sincronización de pasos.
  2. Si estamos en época de pretemporada seguro que alguna está repasando el equipo haciendo cosas muy raras con los brazos y la cabeza.

    Lenguajes propios.

  3. Jamás nos sentamos normal en los medios de transporte.

    Me di cuenta de que esto no era normal cuando en un vuelo a Méjico
    viene el azafato y me dice en voz baja: las de tu equipo se sientan un poco raro, no?

  4. Nuestro tono y velocidad de vocalización es inversamente proporcional a la energía que tenemos durante un ejercicio.

    Así somos.

  5. Si nos encontramos en un habitáculo en el que la ventilación brilla por su ausencia notarás que desprendemos un característico aroma a “eau de clor”.

    Densidad clorhídrica +200.

  6. A menudo se nos olvida que ya no estamos dentro de la piscina y nos llamamos entre nosotras lanzándonos “agua” (que en realidad es aire) con las manos.

    Si no funcionan los avisos de aire, hay que pasar al plan B.

  7. Si empezamos a enumerar movimientos con las manos sin parar no es una embolia, sino que todavía estamos repasando el equipo (tenemos el récord universal de contar del 1 al 8 más veces que nadie).

    "Un, dos, tres, cua, cinc, sis, set, vuit..."

  8. Nos cuesta disimular la risa en momentos inoportunos, en el agua es más o menos fácil porque puedes hundirte y nadie te ve, pero fuera no tenemos escapatoria.

    Mirada de cocodrilo vs. Peces felices.

  9. En época de enteros (cuando hacemos todas las coreografías mil veces al día) somos la única mesa del comedor en la que nadie habla al mediodía, tipo secta. Máximo alguien pregunta con cara de pánico… ¿cuantos creéis que habrá esta tarde?

    Selfie de una de nosotras en el comedor.

  10. Nuestra marca de gafas en verano nos clasifica directamente como presuntas esquiadoras clandestinas. Hay que reconocer que nos molesta bastante que nos lo pregunten.

    - Vienes de la Molina?

  11. Puede ser que nos encuentres de camino a la piscina cinco minutos después de haber comido, y no dos horas como dice el típico mito de “hacer la digestión antes de tirarte al agua”. Nuestros estómagos han corroborado a prueba de bombas que ésta teoría es totalmente falsa.

    Inventos ingeniosos...

  12. Es imprescindible que vayamos donde vayamos demos nuestro toque personal al asunto.

    "Espagats Surf", una nueva modalidad de Paddle.

  13. Jamás nos verás tocando agua un domingo (a menos que sea para beber) y en verano tenemos alergia a las piscinas. Estamos pensando en fundar una religión que lo prohíba para formalizarlo.
    ¡Agua sin cloro, por favor!

  14. Si eres del equipo de mantenimiento y detectas que eres exageradamente bien recibido por un grupo de chicas, seguro que son de sincro. Más de una intentará sobornarte para que calientes el agua a 40 grados o pongas las corcheras de la piscina más puntual de la cuenta.

    Nuestra salvación a los entrenos eternos... Las corcheras.

  15. Cuando se nos cae algo al suelo es imposible que nos agachemos a recogerlo doblando las rodillas.

    La flexibilidad siempre acaba pasando factura.
  16. Si ves un grupo de personas adultas esperando con mucha paciencia en la puerta de algún club acuático sobre las 22h de la noche, seguramente no sean nadadoras de sincro, sino padres de nadadoras de sincro que no saben dónde se ha metido su hija.
    Efectos irreversibles del cloro.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Nuestro idioma particular

Imagínate que estás caminando tranquilamente por un aeropuerto cualquiera (sin ninguna señal aparente de sueño surrealista ni de haber sido drogado con LSD por un desconocido) y te encuentras con el siguiente panorama:




Después de pellizcarte y mirar a un lado y a otro, para saber si hay una cámara oculta o, en su defecto, alguien más se está percatando de la escena, te das cuenta de que efectivamente hay gente muy friki en este mundo.

Siempre nos dicen que las de sincro somos un poco secta, cuando nos ponemos a repasar coreografías con las manos, sonriendo desmesuradamente, contando muy rápido hasta ocho y haciendo movimientos que solo nosotras podemos entender. Reconozco que a veces parece que estemos preparando un ritual satánico… De hecho el video habla por sí solo. Pero comentándolo con otros atletas te das cuenta de que todos vivimos nuestro deporte como si fuese lo más, conocemos todos los trucos, el poder de nuestro cuerpo, los puntos débiles de nuestros contrincantes, y sabríamos explicar mil ochocientos detalles sobre cada competición o partido que hemos jugado.

El otro día, Ona y yo comíamos con las de waterpolo, en un acto de la RFEN que organizaron en Madrid. Pues hubo un momento de auge máximo que se pusieron todas a comentar a toda velocidad nosequé jugada de nosecual partido súper emocionante… Obviamente nosotras no nos enterábamos de nada, que si el hombre de mas, la falta a la derecha, cuando tiró la pelota por el corto… Y nos miramos como diciendo: en una mesa de sincro nosotras estaríamos igual. Y es que a pesar de que todas vivimos nuestra vida fuera del deporte, tantas horas juntas acaban pasando factura y se crea un ambiente de complicidad extrema con mil bromas internas e incluso un idioma compartido.

Tanto, que ni nos damos cuenta de lo rarísimo que resulta nuestro lenguaje sincronil para la gente “normal”. Con esto no insinúo que seamos un poco anormales, simplemente lo afirmo. La cuestión es que las coreografías de sincro son tan complejas que necesitamos una especie de lenguaje de signos para representarlas cuando no estamos en el agua. A este ritual (escenificado en el video) lo llamamos “pasar en seco”, es decir no en mojado. Desde que tenemos 6 años aprendemos que todos los movimientos que hacemos en el agua se pueden representar con los brazos y así, repitiendo estos patrones una y otra vez, es como mecanizamos las rutinas. Hay dos maneras de hacerlo: sentadas en corro para concentrarnos en la coreografía o de pie para además repasar los cambios de posición (la manera como las nadadoras nos distribuimos por la piscina).

Pasar en seco es fundamental para nuestro deporte, debemos practicarlo cada día en equipo para integrar la sincronización. De hecho es el último ejercicio que hacemos antes de salir a competir para repasar tanto los movimientos de la coreografía como los puntos donde debemos prestar más atención, las correcciones etc. Nos sentamos siempre en un corro y mientras suena la música contamos el compás mentalmente y movemos los brazos todas a la vez. Es impresionante como llegas a visualizar la coreografía pasando en seco, y lo más importante como te impregnas de la energía de la compañera que repasa enfrente de ti mirándote fijamente a los ojos.



Repasando la coreografía del "Océano" en el CAR antes de Londres 2012

sábado, 27 de septiembre de 2014

Londres 2012

Después de dos años todavía se me pone la piel de gallina cuando lo leo. Así nos enfrentábamos a uno de los momentos más intensos de nuestras vidas, creando una burbuja impermeable y poderosa. Os quiero y admiro a todas: Andrew, Carbo, Thaison, Hair-Knee, Klam, Margot, Montru.




"Paula y Clara se guiñan el ojo mutuamente mientras detrás suyo Ona empieza a decir una serie de onomatopeyas que Paula completa, como si estuviesen recitando una especie de verso. Al otro lado de la redonda, donde cada una se concentra de su manera particular, Alba salta y mueve los brazos para mantenerse activa y empezar a contagiar a las demás y Thaïs con su perspectiva a vista de pájaro mira a su alrededor, transmitiendo una tranquilidad especial. Se percibe el dominio de la situación y hasta por un momento parece que lo lleven haciendo toda la vida. Andrea se encuentra allí por tercera vez en nueve años y la energía que desprende deja ver que su pasión no ha parado de crecer. A su lado, Marga mira hacia adelante con seguridad e Irene aprieta los puños con fuerza como si retuviera este instante para siempre entre sus dedos.

Thaïs, Alba y Andrea se cogen de las manos sin temblar, y cierran los ojos visualizando un salto increíble mientras Ona prepara la posición del puente. Todas ellas sabiéndose responsables de una de las acrobacias más difíciles que han hecho jamás. Como de costumbre, la mayoría del equipo se moja las piernas y los brazos, como si tuvieran escamas de verdad y no pudiesen aguantar fuera del agua ni un minuto más. 

Irene clava los ojos en los de Clara, cómplice del momento que están a punto de vivir por primera vez en su carrera deportiva, y las dos suspiran mientras se aprietan las manos con fuerza, como si se pasaran toda la energía del mundo. Cada gesto suyo se refleja a través de los bañadores, que brillan como espejos dentro de la cámara de salida. Imaginando la localización exacta de la peca de la suerte de Andrea, Clara le toca la espalda con el dedo y ella levanta el meñique confirmando que a través de ese punto está recibiendo sus rayos magnéticos. 

Mientras, Alba empieza a pegar en los culos de todas y algunas para colmo, se lo hacen repetir pero en la otra nalga para no descompensar ni el más mínimo detalle. Marga se pone las pinzas por centésima vez para asegurarse de que no le va a entrar ni una gota de agua en la nariz y mira a Paula sabiendo que ella hará todo lo contrario, poniéndoselas justo antes de salir. Las dos se dedican una sonrisa justo cuando Ona y Andrea cruzan sus miradas recordando el momento vivido unos días antes en ese mismo lugar, donde la fuerza de dos se ha multiplicado por ocho. 

Se respira la tranquilidad que precede la tormenta, justo antes de que el árbitro dé la señal y empiece la función...”