Mostrando entradas con la etiqueta Imprevistos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Imprevistos. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de agosto de 2016

Noticias desde El Lago Ness

Hoy he conocido el otro lado de los Juegos. El que sucede detrás de las pantallas, los cables y las emisoras. El que gestiona millones de datos, imágenes y declaraciones. Es el trabajo en el que nadie repara, pero que todo el mundo disfruta una vez cada cuatro años. Se desarrolla en el Centro Internacional de Transmisión, una espécie de Mordor que agrupa periodistas y medios de comunicación de todo el mundo.

Cuando me han puesto la acreditación en el cuello he empezado a darme cuenta de la magnitud del asunto. No podía empezar mi primer trabajo redactando en la revista de mi pueblo, tenía que ser retransmitiendo unos Juegos Olímpicos.

Mañana empezamos con el dúo libre y si esto que veis a continuación no es el Lago Ness, (como nos ha advertido entre pasillos Dani Ballart), es porque todavía no han encontrado al monstruo.

Parque Acuático Maria Lenk
El agua de la piscina de sincro, donde hasta hoy se jugaba a waterpolo, tiene muy buena pinta comparada con la de saltos, pero está tan turbia que impide a las nadadoras ver bién por debajo del agua. Esta tarde han suspendido los entrenamientos con música para repasar la competición, porque parece que se ha roto un filtro de la piscina. No es muy normal nadar en unas Olimpiadas sin poder ver nítidamente a tu/s compañera/s, así que la organización se ha puesto manos a la obra para solucionarlo.

La buena notícia es que con la de peripecias que hemos pasado a lo largo de nuestra carrera deportiva, Ona y Gemma están preparadísimas para cualquier imprevisto, y mañana nos van a dejar con la boca abierta al compás del Concierto de Aranjuéz. 

martes, 26 de mayo de 2015

Lo que no podemos controlar

Nuestro psicólogo siempre nos dice que la única diferencia entre el entrenamiento y la competición es el nombre. Es cierto que los deportistas practicamos cada día para cuando llegue el día D a la hora H poder hacer la mejor demostración de nuestras habilidades. Pero es absurdo intentar demostrar algo en competición que nunca hiciste antes en un entreno, y si lo consigues es que tienes mucha suerte o que las monedas que tiraste en Fontana di Trevi dieron resultado…

Sin embargo, del entreno a la competición también hay factores que no podemos controlar. Por ejemplo el entorno y sus condiciones.


Cubitos de hielo en la piscina

El agradable momento de "al agua patos"
patrocinado por temblores y risa floja
La fase número uno de reconocimiento cuando llegamos a la piscina de competición es comprobar la temperatura del agua. Según nuestro criterio existen diversas opciones térmicas:
a) el agua está normal tirando a fría
b) el agua está muy fría
c) el agua está congelada
d) o la opción melodramática: “vamos a tener que hacer patinaje artístico en vez de sincro”.

Así pues, normalmente, mientras dejamos las mochilas en algún lugar estratégico de la piscina, hay una de nosotras que se acerca al bordillo y mete un poco el pie a modo de termómetro. Todas las demás la miramos esperando nerviosas el veredicto… y efectivamente en la mayoría de los casos suele ser desfavorable, es decir: cara de pánico y “vamos a morir como Jack sobre la tabla de madera de Titanic”. Dudo mucho que llegue un día en el que la encontremos caliente, a no ser que se estropee la caldera o algo así.

Reconozco que solemos ser un poco histéricas con el tema temperatura y si compartimos piscina con nadadores/as o waterpolistas montamos unos shows de cuidado. Todos los entrenadores están hartos de nosotras, desde aquí un saludo a Fred Vergnoux -entrenador de Mireia Belmonte- que nos tuvo que aguantar muchos días en Sierra Nevada... El tema es que nosotras nos pasamos muchas horas seguidas en el agua y, a diferencia de otras disciplinas, llevamos nuestros músculos al límite en lapsos muy cortos de tiempo (una coreografía dura 4 minutos y un partido una hora) e inmediatamente paramos en seco durante un buen rato para recibir las correcciones. Así que nuestro músculo tiene que reiniciarse de 0 a 100 bastantes veces durante el entreno y por eso necesitamos una temperatura que nos lo facilite. Para ir bien sería entre 28°C y 29°C, cosa que tanto nadadores/as como waterpolistas consideran un caldo, mientras nosotras a 27°C “tenemos más frío que robando pingüinos” (frase prestada de la Biblia de expresiones de los gimnastas del CAR).


Escuadra y cartabón

La preparación de un salto
Una vez reconocidas las condiciones ambientales nos empezamos a familiarizar con las proporciones de la piscina, que seguro serán diferentes a las que estamos acostumbradas.

Principalmente nos fijamos en dos ítems: por un lado, en la profundidad para preparar las acrobacias ya que a veces nos colocamos unas sobre otras para propulsarnos mutuamente y si no calculamos bien podríamos llegar a tocar el suelo (cosa rotundamente penalizada con dos puntos sobre la nota global). Y por el otro observamos la longitud de la superficie para saber si tendremos que desplazarnos más o menos por la piscina.

En los primeros entrenos probamos todos los saltos y subidas que requieren medir la distancia con el suelo, es decir, las que empujan desde abajo reaprenden hasta dónde deben hundirse en esa piscina. Mecanizar estos movimientos requiere un trabajo de percepción espacial muy importante ya que cuando competimos no llevamos gafas y, como ya habréis comprobado en la piscina del camping, abrir los ojos debajo del agua es igual a: no veo tres en un burro.


Ejemplo de tarima excesiva
Otra de las variables a vigilar es la forma de la tarima por donde entramos caminando todas juntas al principio (cuidado no confundir con desfile del ejército) y su altura con respecto al agua. Algunas veces los de la organización se emocionan poniendo unas 300 escaleras para llegar a la plataforma de entrada y luego tienes que tirarte al agua en plan Superman en una prueba de saltos de trampolín…

Tengo que decir que es habitual pasar la mayor parte de los nervios encima de la tarima. Una vez saltas al agua existe una especie de magia inexplicable que expulsa tus inquietudes y todo empieza a fluir, como si pusieras play a la función que vas a representar.



No se oye la música

Comunicación por debajo del agua durante un entreno
Como sabréis o imaginareis, nunca ocho personas podrían bailar sincronizadas con la cabeza debajo del agua sin oír una misma música. Alguien se planteó esta misma incógnita hace muchos años e inventaron el fantástico altavoz subacuático, un aparato que se acopla a los bafles exteriores y nos permite seguir el ritmo de la rutina tanto dentro como fuera del agua. Pero por desgracia no todas las instalaciones pueden presumir de tener un buen equipo de música, y eso a nosotras nos hace “saltar de alegría”.

Imagínate por un momento que llevas un año entrenando tus coreografías en tu piscina (donde los altavoces suenan tan fuerte que pasas por la zona de natación y te encuentras a los entrenadores silbando la música de tu equipo). Llegas a la competición, saltas al agua, hundes la cabeza y de repente toda melodía parecida a la de tu coreografía es pura coincidencia… incluso diría más, de repente la música de tu coreografía se ha transformado en una especie de interferencias del inframundo. ¿Qué opciones hay de solucionar ese problema? Cuando la música se oye muy poco o medio distorsionada, la primera reacción es activar los oídos en alerta máxima para poder captar el ritmo como sea. Suena un poco ridículo pero a veces, cuando estamos boca abajo, hasta nos ponemos a contar moviendo los labios para que no se nos escape ningun número. Aún y así el ruido del agua, que nosotras mismas movemos con nuestro cuerpo, nos lo pone bastante difícil, por lo que directamente pasamos a hacernos señales mutuamente para marcar los tempos. Entonces una de nosotras se encarga de ir contando del 1 al 8 por debajo del agua o picar con las manos (de una forma bastante peculiar que podéis preguntar a cualquier nadadora de sincro del planeta) en los puntos clave para que nadie se pierda.



Ácido sulfúrico

Intentando controlar la posición con las demás
Y por último, llegamos a uno de los temas que más nos gustan… Que hay más reconfortante que abrir los ojos debajo del agua y sentir como si los estuvieses abriendo en una piscina de lejía? Es el clásico de las piscinas inundadas de cloro. A veces me pregunto como puede ser que algo tan nocivo y distorsionante no dé positivo en la prueba de doping... El primer día de competición todavía puedes tolerarlo (el colirio hace maravillas), pero cuando vas por el cuarto empiezas a tener un telo blanco en la mirada y a ver doble y triple por debajo del agua. Y la cuestión es que para controlar a tus compañeras y la secuencia de posiciones que marcais durante el ejercicio tienes que abrir los ojos como si no hubiera mañana. Por lo tanto no tienes escapatoria. Así pues, una vez más volvemos a disfrazarnos de super womans para poner en práctica nuestras habilidades ocultas. Y salimos tan sonrientes que nadie (excepto tú después de haber leído esta revelación) podria llegar a imaginarse el teatro que hacemos para disimular el dolor.



Ser capaz de adaptarse a todas estas circunstancias no es nada fácil, pero es fundamental para llegar a la competición con confianza y seguridad. Y por supuesto los equipos que lo consiguen son los que se desmarcan de los demás y pasan de ser mediocres a grandes deportistas.

viernes, 17 de abril de 2015

Cuando te tiran las pinzas

Una de las cosas más frikis y características de la sincro son las pinzas de la nariz. Entre las típicas preguntas que la gente nos hace cuando se enteran de que hacemos lo del “baile acuático” nunca falla la de: - ¿y las pinzas esas que os ponéis no os hacen daño? 

Doy por superada la etapa donde la gente nos imaginaba
con pinzas de tender la ropa

Comparado con el daño que nos haría esnifar 5 litros de agua con cloro por segundo mientras bailamos por la piscina (y encima luego teniendo que salir sonriendo), la presión de las pinzas sobre nuestra nariz es más bien una caricia. De hecho, cuando empiezas a nadar existe una especie de síndrome de “pinzitis” que se manifiesta como una adicción total a llevar las pinzas puestas sin parar. Me acuerdo que cuando éramos alevines (con Paula, Ona, Irene) nuestra entrenadora nos obligaba a quitárnoslas mientras no estábamos boca abajo porque a alguna se le había ido de las manos y se las ponía hasta para ir a la playa…

Tipos de pinzas que vas probando hasta encontrar las tuyas
(las últimas son las que más utilizamos)
Durante los primeros años de sincro, en los que ya tienes bastante con aprender a coordinar tus movimientos en el agua, las pinzas van atadas con un hilo al bañador para no perderlas. Y las madres, que están en todo, suelen comprarlo transparente (del de pescar) para no hacer más estrafalario el tema (de lo que ya es).

Entonces llega un día en el que empiezan las competiciones y claro, tienes que cortar ese hilo y aprender a vivir sin él. Al principio lo imaginas como algo terrorífico, igual que cuando te quitan las ruedecillas de la bici, porque sabes que en algún momento u otro vas a pillar. Y efectivamente, a partir de ese momento te das cuenta de que la acción ha empezado de verdad.

Como más juntas nadamos más puntuación recibimos,
pero más aumenta la probabilidad de colisión 

Siempre explicamos que la sincro se ve muy bonita desde fuera pero por dentro es una guerra de corrientes, golpes y patadas. Por supuesto la cara no está exenta de recibirlas y como alguien te saque las pinzas desafortunadamente con una mano, codo o pie ya puedes empezar a ingeniártelas para solucionar el drama. El caso es que como acto reflejo, cuando estás boca abajo sin nada tapando tu nariz, empiezas a expulsar aire para que no entre agua. Pero claro, si el nivel de ahogamiento es alto, como suele pasar, o le pones freno o estás perdida. Así pues considerando que en cualquier momento puedes encontrarte ante la pesadilla siguiente:

  1.  Estás en medio de una coreografía
  2. Alguien ha tirado tus pinzas
  3.  Tienes dos segundos para recuperarlas sin que se note
  4. Como te equivoques te cortan la cabeza
  5. No hay ningún hilo que las ate a tu bañador
  6. Va a ser un milagro que las encuentres flotando (porque la parte de metal las lleva al fondo marino)

Eres consecuente y decides llevar siempre unas de recambio (dos o tres para las más neuróticas) en algún lado del bañador o entre los dedos, para poder cambiarlas a la velocidad de la luz en casos de emergencia.


La gracia es que no se vean mucho así que si te fijas bien las encontrarás

Si alguno de vosotros no podía dormir por las noches porque le pareció ver unos bultos raros en los bañadores de un equipo de sincro y estaba pensando en una posible invasión alienígena subcutánea... Hoy por fin podrá descansar. Son las pinzas de recambio, alias "alternativa a morir ahogadas".

Por lo general todas las nadadoras de sincro hemos vivido alguna vez la típica experiencia desagradable con las pinzas, algunas en el entreno, otras en plena competición, unas más fáciles de arreglar que otras. Siempre salen histórias. Una vez Clarita tenía que hacer un salto con las piernas tan agrupadas que las acabó agrupando encima de su nariz... Partiendo las pinzas por la mitad. A Cecil le salieron disparadas en la primera figura del equipo (ojo, en un mundial junior y con tres minutos de rutina por delante) y, según su experiencia, tal y como le empezó a entrar agua por la nariz "empecé a ver borroso y oír la música distorsionada" con lo que optó por poner los "labios de cerdito" (palabras textuales) y seguir. Esto del cerdito se refiere a una curiosa técnica que solo algunas son capaces de poner en práctica: subir el labio superior hasta la nariz para crear un tapón casero. Inciso, sé que algunos de vosotros lo estáis probando ahora mismo. Yo no se hacerlo ni de broma, aunque quizás cuando te encuentras en ese momento te sale una energía insospechable para lograrlo. Y por cierto, recordando más batallitas, Txell conserva un precioso tatuaje por la colisión que tuvo hace años con unas pinzas rotas de Sara Levy.

Así es como en los casos más extremos, donde tienes que poner a prueba tus habilidades espontáneas, te das cuenta de tu gran capacidad resolutiva.

Momento pinzas, justo antes de salir a competir.
Paula Klamburg guía espiritual del grupo conduce a Ona por si se le ha olvidado hacia donde tiene que ir.

El próximo día os presento a la única persona que conozco en todo el mundo que nunca viviría situaciones como ésta porque es capaz hacer sincro sin pinzas de la nariz… (y sin hacer cosas raras con los labios)