viernes, 11 de diciembre de 2015

...Se hace camino al nadar


Parte II


El otro día os hablaba de nuestro peregrinaje por el Camino de Santiago, pero con una sola entrada no tenia suficiente para centrarme en el "día de la hecatombe", que es cuando la cosa se puso interesante. Se nos hizo tan largo ese 27 de octubre que en mi libreta ocupaba un montón de páginas... Fue la etapa más difícil del Camino, tanto mental como físicamente, después de cuatro días caminando. Creo que solo en verano estamos tanto tiempo tocando tierra y ninguna se dedica a hacer excursiones de casi 40 km. Espero que mi relato haga justicia a la aventura que vivimos ese día. Os dejo con la segunda parte.


5ª etapa: Melide - Lavacolla, 39 km


Desde las 5:15h de la mañana hasta las 5:20h ha estado sonando una alarma hasta el punto de convertirse en música de ambiente, ya que nadie parecía tener especial interés en apagarla. Como cada día, nos hemos dispuesto a recoger sacos, ropa tendida, toallas y prepararnos con vaselina, Compeed (corren rumores de que el equipo de sincro ha salvado a la empresa de la crisis), esparadrapos diversos, linternas, cintas…


Ona cantando: "soy minero!" a las 5:30 de la madrugada

Más o menos en silencio hemos empezado a caminar, conscientes de lo que nos esperaba, pero con la alegría que nos caracteriza. Después de dos horas hemos hecho la parada de rigor para desayunar en la Pensión-bar Santiago y en un abrir y cerrar de ojos la cocina se ha convertido en un taller acelerado y multitudinario de camarero auxiliar. Cafés americanos por aquí, chocolates calientes y croissants por allá, 1, 2, 3, 4, “si quieres hacemos pantumaca que sabemos mucho en Catalunya”, 5, 6, 7, 8, “pásame la sierra que corto el pan”, calentando la leche con el mítico pitorro, batiendo los huevos de la tortilla… Como Pedro por su casa versión sincronizada.


Andrea en su salsa, llevando el cotarro del bar

Hemos cruzado bosques, sendas, prados, caminos de cabras, puentes, túneles, pueblos, calles, callejones, carreteras, hemos subido escaleras, bajado cuestas, saltado charcos y rodeado rebaños de todo tipo. Durante el trayecto, como cada día, nos hemos ido separado y juntando entre unas y otras, ayudándonos a hacerlo más llevadero y rescatándonos mutuamente en los momentos de bajón. La lluvia también nos ha acompañado a ratos, como una sombra pegajosa, enganchada a nuestras zapatillas llenas de barro. De repente, como un relámpago mental, se me ha ocurrido que nunca antes había cruzado a pie dos comunidades autónomas (desde Villafranca del Bierzo, León hasta Santiago de Compostela, Galicia) y Ona ha constatado convencidísima que ni en un año seremos capaces de andar lo que andemos en estos 6 días.

Dirección Arzua han empezado a aparecer las primeras bajas de personal, Laia con una pierna medio paralizada, Gemma haciendo un puzzle con los pedazos de su cadera post embarazo, Irene caminando un paso hacia adelante y tres hacia atrás... Esto es una locura. Nuestras articulaciones no están acostumbradas a aguantar el impacto con el suelo tantas horas seguidas.


Técnicas profesionales de reposo
Esquivando charcos de barro

La cosa empezaba a ponerse difícil cuando nuestros pasos nos han conducido hasta una casita apartada al margen de la carretera en forma de bar. Subiendo los peldaños de la entrada hemos detectado un cartel gigante con la frase “El Camino de Santiago acaba aquí”. Y curiosas como somos no hemos podido evitar adentrarnos en él. Alguna mente perturbada pensará que quizás detrás de la puerta nos esperaba un sicario para fusilarnos a todos, y hacer justicia al cartel de bienvenida, pero por suerte aún no había llegado nuestra hora... Nos hemos encontrado en una especie de antro pintado de verde y lleno de pósters de los grupos de música más conocidos, desconocidos, frikis y refrikis de la historia. Las paredes y el techo con una superpoblación de 3.572 escritos por metro cuadrado, donde sin duda hemos hecho nuestra pequeña aportación literaria.


Frase marcada para siempre en el techo superpoblado del bar:
"Aunque nos encontremos como un pez fuera del agua seguiremos haciendo camino..."

La mujer del bar, moviéndose al ritmo de la música, ha llegado a nuestra mesa con el último de los 21 bocadillos que ha preparado en menos de 10 minutos gritando ¡misión cumplida! Detrás suyo, apoyado en la barra del bar, un alcohólico con serias dificultades para sujetarse a sí mismo intentaba sujetar una cerveza con la mano mientras la periodista infiltrada del grupo (léase Clara Basiana), subida a una mesa de dudosa estabilidad, ha estado arriesgando su vida escribiendo en el techo del antro, con las ideas creativas del grupo de redacción formado por Andròmina y Bet. A su lado Jaume, nuestro sherpa, transportado por el alma de Barry Gibb, nos ha dedicado la mejor coreografía de los Bee Gees acompañado por Victor, nuestro preparador físico, con una voz que ni el más preparado de la Escolanía de Montserrat. En la retaguardia, el público restante: Paula, Ona, Anna, Ire, Cris, Marga, Thaïs ha estado a punto de ahogarse de la risa, pero finalmente ha logrado sobreponerse y seguir el ritmo de la performance grupal dando golpes en las mesas al estilo Mayumaná. Todo esto bajo la supervisión del cámara Alex, que en su condición de infiltrado ha enviado todas las imágenes a “Sé lo que hicisteis (en Santiago)”.

Trajín de personas en el antro musical

Pero cuando ya estábamos a punto de perder la noción del tiempo, nos hemos dado cuenta de que nuestro Camino “no acababa allí”, como profanaban las paredes de ese lugar, sino en Santiago de Compostela. Así que después de estos momentos de delirio, tan surrealistas como imprescindibles cuando el cansancio se apodera de cada uno de los capilares, fascias, músculos, articulaciones, cartílagos, huesos y órganos de tu cuerpo, hemos proseguido con la marcha hacia “Santiago de vaya tela”.

Pase lo que pase la peluquería no puede faltar
Mensajes por el camino que permiten
hacerte por lo menos tres reflexiones:

1. Hay alguien del equipo que te quiere
2. Sea quien sea va más adelantado que tu
3. Como no espabiles te quedas sin pulpo
a la gallega
















Después de comer, la mochila empezaba a pesar un poco más y los pies empezaban a levantarse del suelo un poco menos, pero todavía nos quedaban fuerzas para seguir interpretando escenas musicales por el camino. Irene y yo nos hemos recreado más de una hora con la representación de “Elephant love song” de Moulin Rouge que de tan memorizada algún día podremos recitarla del revés... Pero cuando hemos visto que empezaba a oscurecer y nuestro destino no llegaba nunca se han acabado las cancioncitas y la tontería y nos hemos planteado encender el modo supervivencia. Nada de gastar energías inútilmente.

-¿Cuántas horas llevamos caminando?-. Irene ha lanzado la pregunta al aire, pero creo que a todos los que andábamos con ella en ese momento se nos ha ocurrido lo mismo... Hemos empezado con la salida del sol y ya no queda ni rastro de luz. El silencio sepulcral que ha sustituido nuestras risas, canciones y temas de conversa ha acentuado todavía más el ruido de los pasos encharcados y el sonido entrecortado de nuestra respiración, muy evidente en las cuestas del camino. Esto me ha resultado bastante agobiante, supongo que en el agua, con la música a tope y mil cosas en las que pensar pocas veces percibimos estos detalles.


Los últimos rayos de sol escondiéndose detrás de las montañas

El equipo se ha ido fragmentando en pequeños grupos. Íbamos con las linternas colgando de la cabeza, igual que cuando hemos salido a las 6 de la mañana, muertas de frío y con calambres por todo el cuerpo, con la voz de Jaume resonando en nuestras cabezas: “Adelante, siempre hacia adelante”. Aunque nos guiábamos por las flechas y conchas amarillas que señalan el Camino, la falta de luz y el déficit de atención provocado por el cansancio nos ha hecho perder la ruta en diversas ocasiones y, como no estaba el horno para bollos, al final hemos optado por preguntar en cada esquina.

La noche nos ha cogido desprevenidas. La consigna era llegar al hostal San Paio, pero durante un buen rato nos ha parecido que más bien algún "paio" había escondido una cámara oculta y todo era una farsa como el show de Truman, pues cada persona a quién que le preguntábamos nos enviaba hacia un sitio diferente y cada pueblo tenía un nombre más raro que el anterior. Vilachá, Alvarín, Requesende...

La cosa se ha puesto complicada cuando en un momento dado, donde supuestamente quedaban 3 km para llegar al hostal, un campesino nos ha confesado que todavía quedaban unos 7. Eran casi las diez de la noche. Creo que en esta fase de incertidumbre hemos pasado por todos los estados mentales posibles: desde la risa floja hasta el nerviosismo descontrolado, pasando por incisos de pánico irracional, voz temblorosa y la típica lagrimilla que intentas disimular diciendo que te ha entrado algo en el ojo.


Caminando en silencio para ahorrar energías


El último tramo


Después de más de 12 horas peregrinando, Sara y yo hemos entrado en una fase grave de delirio. Nos hemos perdido en medio del bosque, sin rastro de las demás, casi sin pilas en las linternas frontales, con un hambre terrible, y de nuestros propios pasos nos ha entrado la psicosis de que nos estaba persiguiendo una manada de lobos. Llevábamos un buen rato andando sin hablar, ahorrando cualquier tipo de energía para el siguiente paso y de repente nos hemos dado cuenta de que a las dos “nos había entrado algo en el ojo”.

El viaje se había prolongado mucho más de la cuenta, entre las locuras del antro musical, los desvíos innecesarios y el pequeño detalle de juntar dos etapas en una. César, nuestro fisio, llevaba la cuenta de los quilómetros y ya hacía horas que habíamos superado los 30. Yo no sentía los pies, como si poco a poco se me hubiese acabado la gasolina y mi cuerpo estuviera moviéndose por la inercia del viento a mis espaldas. Durante un instante incluso he sopesado la opción de tirarme al suelo como hacemos a veces en la superficie del agua, lo que llamamos “hacer el muerto”, para relajar todos los músculos dejándote llevar por la hipogravedad. Pero ir disfrazada de barro viviente hasta llegar al hostal no me ha acabado de convencer, así que he acabado descartando la idea.

El hostal más buscado de la historia
del Camino de Santiago
Finalmente, como en las pelis, en la batalla Gertru (el saboteador oficial de nuestro equipo) vs. Espíritu luchador siempre acaba perdiendo el débil y cuando creíamos que estábamos viendo la luz al final del túnel nos hemos dado cuenta de que era la luz del hostal. No se de donde hemos sacado las fuerzas pero la cuestión es que lo hemos conseguido. Cuando hemos entrado por la puerta, el “paio” de San Paio nos esperaba un poco alarmado por el estado de salud del equipo, que ya había ido llegando en fascículos. Pero el arroz con bogavante que nos había preparado con mucho cariño ha resultado muy reconfortante.

Hemos recorrido 39 km. No llevo reloj pero sé que hemos salido sobre las 6h de la mañana y cuando entrábamos al hostal debían de ser las 22h pasadas. Nunca hubiese imaginado que más de medio día caminando sería muchísimo peor que pasarlo nadando. Esto supera cualquier entreno de los nuestros, de 8 o hasta 10 horas en el agua, que luego llegamos a casa y no podemos ni subir por las escaleras, como si hubiéramos vuelto de una guerra civil. A veces salir de tu propia burbuja y cambiar de perspectiva te hace crecer a marchas forzadas.

Sé que algún día vamos a reírnos mucho de lo que hemos vivido hoy, los pies de Hobbit, la luz al final del túnel, los ataques de locura… Pero algo en nuestra percepción de los límites físicos y mentales ha cambiado, y eso sí es un gran paso en el camino de nuestra carrera deportiva.

martes, 1 de diciembre de 2015

Caminante no hay camino...



Parte I

El otro día recordábamos que ya han pasado cuatro años desde que hicimos el Camino de Santiago con el equipo. Nos aventuramos a hacer un tramo durante la pretemporada del año olímpico (2011-2012), asumiendo el riesgo que eso conllevaba, pues a los peces hay que cuidar de no sacarlos mucho rato fuera del agua… Y ninguna podía volver lesionada de ese lugar. Así que acostumbradas a pasar más de la mitad del día flotando en un medio ingrávido, de repente tuvimos que convertirnos en terrícolas de verdad y pasar un montón de horas tocando el suelo, caminando y cargando la mochila de rigor, con lo cual la cosa se puso interesante.


Por el Camino, yo me entretengo

Recorrimos unos 180 km del Camino francés, que abarca 775 km desde su inicio en Roncesvalles. Este es el camino tradicional y tal vez más conocido, pero no el único, pues existen muchos más registrados en las guías excursionistas. Como nos dijeron una vez: “El Camino de Santiago empieza en la puerta de la casa de cada uno”. El sendero en si no tiene ninguna complicación, pero siempre hay que tener en cuenta las condiciones ambientales y como equiparte según la distancia que te propongas.

Tardamos 6 dias en recorrer 8 tramos, desde Villafranca del Bierzo hasta Santiago de Compostela, porque como siempre tuvimos que darle nuestro toque emocionante y medio psicópata al asunto doblando algunas etapas. Es decir, que salíamos de un pueblo por la mañana y en cuanto llegábamos al fin de la jornada, marcada por las guías populares, nosotras recorríamos también la siguiente. En resumen, que lo dimos todo y descubrimos que el cuerpo humano puede llegar a límites insospechables.


Y como no podía ser de otra manera… Para aventuras de élite, imprescindible la indumentaria de élite. Imagínate la estampa: todo el equipo (nadadoras, entrenadoras, preparadores físicos, doctor, fisio y cámara infiltrado para grabarlo todo y dejar constancia de que si surgía alguna hecatombe por lo menos lo intentamos), unas 20 personas en total, la mayoría fuera de nuestro hábitat natural y encima preparadísimas con todo tipo de palos, gorros, cremas, aislantes, abrigos, chubasqueros, capelinas, calentadores, protectores, impermeables… Menuda banda.  Al final se nos empapó hasta la ropa interior y nos salieron ampollas en la primera esquina, pero allí estuvimos, al pie del cañón. Hay que decir que en general nos caracterizamos por ser bastante motivadas y querer estar siempre al nivel de las expectativas, por costumbre, y también por lo que pueda pasar.


Pies terrestres a sus puestos

Comitiva bastones del tío Gepeto

Y para no manchar el historial, durante el Camino, entre quilómetros, tabernas y albergues, fui escribiendo nuestras peripecias y aventuras, para poder recordarlas siempre sin peligro de traición de mi cerebro de Dori (que suele caracterizar a los de la estirpe acuática). Así pues, hoy he abierto ese cuaderno para recordar y compartir algunos momentos que vivimos y que, porqué negarlo, también sufrimos durante esa excursión, una de las más intensas de nuestras vidas. Y ya de paso, con perspectiva y sentido del humor, nos reímos todos un poco.

Como el cuaderno de bitácora ocupa unas cuantas páginas voy a adaptar el capítulo más duro de todos, la penúltima etapa del camino, Melide – Lavacolla, donde después de haber andado durante cuatro días nos marcamos 39 km. Pasando totalmente desapercibidas, como unas profesionales de la vida terrenal…

Disfrutando un poco de la brisa de otoño

27 de octubre de 2011

Pies acuáticos manifestándose en contra de la tortura terrenal
Llega el día de la hecatombe. Nuestro guía espiritual Jaume Fàbregas (sherpa, compañero y consejero a lo largo de toda la excursión, el que siempre ante cualquier duda o temor responde con una amplia sonrisa y su mítico: Endavant, noies endavant!/ Adelante chicas, adelante!) nos advirtió de que la primera etapa del Camino sería la más dura de todas.

Pero él no contaba con que entonces no teníamos más bultos en los pies que una serpiente comiéndose a un colibrí vivo, ni llovía a cántaros, ni hacía frío, ni caminábamos haciendo zigzag, ni corríamos haciendo esquí de fondo por las bajadas para no cargar las rodillas, ni parecía que lleváramos un caballo entre las piernas ni una pata de palo como el más viejo de los tripulantes de un barco pirata, ni nos apoyábamos en los bastones como si nos fuera la vida en ello o nos movíamos medio trastornadas por algún ser imaginario dando lugar a pasos asincopados, arrítmicos y anormales, tampoco parecíamos Gandalf el gris en una de sus misiones, ni mantis religiosas con las mangas colgando empapadas, ni monjes con una sotana-capelina tan estrecha que para saltar un charco escenificábamos el hundimiento del Titanic, ni tampoco traíamos unas ojeras de aquí a Cuenca por quedarnos cantando todas las noches hasta las tantas como si estuviéramos de convivencias… Así que, según parece, las perspectivas en la quinta etapa son bastante más aterradoras de lo previsto…


martes, 20 de octubre de 2015

Ni un céntimo en pinzas

Hace unos meses terminaba una de mis publicaciones con esta frase:

"El próximo día os presento a la única persona que conozco en todo el mundo que nunca viviría las típicas situaciones límite con las pinzas de la nariz (que se te caigan en una competición, que alguien te las tire sin querer y se te pongan los ojos en blanco de la asfixia...) porque es capaz de hacer sincro sin ellas".

Así que por fin, el "próximo día" ha llegado. Ella es una de las nadadoras más excepcionales de nuestro deporte, medallista olímpica, mundial y europea durante casi diez años consecutivos (desde 2002 hasta 2007) en la modalidad de solo y dúo. Su gran agilidad y capacidad expresiva la han convertido en un icono de la sincronizada y actualmente colabora y asesora a algunos equipos del panorama internacional desde el ámbito artístico.

Las imágenes hablan por si solas.




Si no practicas sincronizada, éste video puede parecerte una simple anécdota, pero para nosotras podría llegar a ser el sueño de nuestras vidas! Imagínate la energía que gastamos en comprar pinzas cada dos por tres, guardarlas en las mejores condiciones para que no se estropeen, bucear hasta el fondo de la piscina cada vez que se te caen, sufrir 5 veces más otitis que Virginie por culpa de bajar tantas veces hasta el fondo (donde te pitan mucho los oídos), tener constantemente el sexto sentido activado por si alguien te da una patada y tienes que ponerte las de recambio, estar pendiente de comprar más pinzas todavía por si se terminan las de reserva, gastar botes y botes de crema para que en los entrenos largos no te quede la nariz como el amigo Rudolf... Y creo que no me dejo nada.

Solo con pensarlo... Poder saltar al agua sin ningún artilugio metálico oprimiendo tu nariz, ni que te ponga la voz de sinusitis aguda o azafata de avión haciendo discursos por el altavoz ni que tampoco modifique tus facciones faciales... Sería lo más.

Pero de momento tendremos que dejar este privilegio para Virginie Dedieu. El día en que llegó al mundo su cuerpo decidió que iba a practicar un deporte acuático. Sobretodo alguno que implicase dar el máximo de volteretas, giros y tirabuzones por el medio, y así aprovechar su don excepcional. De pequeñas, con Ona, Paula, Irene etc. veíamos boqueabiertas sus solos por la tele o le pedíamos autógrafos en la salida de las competiciones en plan grupies y hoy la tenemos como referente nadando a un metro de nosotras. Y después de tantos años, verla moverse en perfecta consonancia con el agua nos sigue poniendo los pelos de punta.

jueves, 8 de octubre de 2015

El corredor de la muerte

Llevas un año preparándote para ese momento, y aunque lo has repetido decenas, cientos y millares de veces te tiemblan las piernas. “Te piernan las tiemblas”, que diría alguna en pleno ataque de pánico irracional…

El tema es que vas a saltar en una piscina, como siempre, acompañada por tus siete compañeras de siempre y que cuando suene el “piiip” van a nadar contigo al ritmo de la música, como habéis hecho siempre. Hasta aquí todo bien. Pero no olvidemos un pequeño detalle: puede ser que en esa piscina haya más de 10.000 personas esperando ver tu actuación, y des del sofá de su casa otras tantas. De todo el mundo. Además de los jueces que a pie de piscina, unos metros por encima del agua, estarán examinando con lupa cada uno de tus movimientos.

Justo antes de salir

Así que llevas todo el año preparándote pero de repente llega el momento y piensas: "Manual de instrucciones por favor? Alguien puede parar el tiempo para asumir la magnitud de todo esto?"

Afrontar este tipo de situaciones, donde la presión es tan palpable que hasta podría sacarte un ojo, requiere que trabajemos muchísimo la cabeza. Visualizamos las coreografías, entrenamos bajo diferentes estímulos, preparamos el cuerpo frente a posibles imprevistos, ensayamos simulacros de competición, analizamos nuestro comportamiento para prevenir situaciones de estrés descontrolado…

Y entonces llega. Estás en la competición y te llaman para presentarte con tu equipo a la siniestra y terrorífica “cámara de salida”. The last call room. Así en inglés incluso parece el título de una película de miedo. La típica donde un grupo de jóvenes queda atrapado después de una intrigante y espantosa persecución… Pero no. Allí es donde todos los equipos de la competición pasamos los “últimos minutos” antes de salir a actuar.

Como más importante es el campeonato, más seguridad, restricciones e instrucciones existen para hacer el simple acto de: ir hasta la piscina y nadar. En este caso nos trasladamos al mundial de Kazan...


El camino hasta la piscina de competición


Normalmente suele haber un pasillo que conduce a una primera sala de reconocimiento. Nosotras lo solemos llamar el corredor de la muerte porque en ese momento te parece lo más lóbrego y tenebroso del mundo. Y también porque, todo hay que decirlo, somos bastante exageradas. Empiezas la excursión con alegría, haciendo alguna broma con tus compañeras, pero con cada minuto que pasa tu corazón multiplica exponencialmente su frecuencia cardíaca y tienes que poner en práctica todos los métodos de autocontrol que se te ocurran. Todas intentamos disimular los nervios para no asustar a las demás pero por dentro… Como describirlo… Parece que tengas en tu estómago una tribu africana bailando una danza étnica con lanzas y fuegos artificiales.

Primeros pasos en el corredor de la muerte de Kazan 2015.
Frecuencia cardíaca normal, nivel de locura alto.

Último repaso

Avanzando por el pasillo llegas a la susodicha sala. Allí, te encuentras con algunos equipos y a una mujer acreditada y bastante seria que con una libreta pasa lista de las titulares del equipo. No fuese que estuviéramos ocultando alguna infiltrada. Después de este pequeño trámite repasamos la coreografía en un corro para visualizarla por última vez y transmitirnos toda la energía del mundo mutuamente.

En el sentido de las agujas del reloj y empezando por la izquierda:
Cristina, Paula, Alba, Clarita, Cecil, Sara, Txell y Clara.

Mientras tanto, otra señora también seria y acreditada va llamando a los equipos que actuarán delante del tuyo, con algunos de los cuales intercambias sutiles miradas felinas. Y finalmente la mujer que controla el paso se acerca para invitarte a seguir con la expedición. Este es el último tramo del pasillo, todavía mucho más lóbrego y tenebroso que el primero y habitualmente frío, por lo que todas vamos bastante tapadas y disfrazadas con los calcetines por la rodilla y el albornoz de maruja del quinto. Un auténtico pase de modelos.

Llegando a la piscina con las entrenadoras de "coche escoba".
No fuese que a alguna le diera una pájara inesperada por el camino.

Durante ese trayecto (que igual son 10 metros pro a ti te parecen 280, y si hay escaleras ni te cuento) ya empiezas a oír la música de los otros equipos, que ya están compitiendo, y eso te pone los pelos de punta. Para colmo te das cuenta de que comienzan a subir escandalosamente tus niveles de adrenalina, serotonina, bilirrubina... Y porque no te sabes más, que si no también te subirían.


Puesta a punto

Y por fin te encuentras en la Last call room con los dos equipos que te preceden. Es el último paso antes de competir y cada una empieza con sus rituales y ejercicios de calentamiento. Aunque unas horas antes hemos entrenado en el agua, necesitamos activarnos justo antes de nadar. El ejercicio dura solo 4 minutos y debes empezar al 100% de tus capacidades, desde que subes el primer escalón de la tarima.

Activando el cuerpo antes de salir.
Que nadie pierda detalle de la entrenadora rusa pasando sospechosamente por detrás...

Hay pocos momentos de tanta intensidad como la que vivimos en ese cuarto. Son momentos de concentración mezclada con euforia, la antítesis de seguridad y nervios, todo en uno. Cuando tu cuerpo está reclutando toda su energía para dar la mejor versión de si mismo, sientes como a tu alrededor se crea una áurea de fuerza indescriptible. Antes de que nos den esa “última llamada” nos cogemos de las manos en silencio, nos miramos las unas a las otras y depositamos toda nuestra confianza en ese momento en el que saldremos a hacer lo que hacemos siempre con más ganas que nunca.


Importantísimo la transmisión de buenas vibraciones

viernes, 25 de septiembre de 2015

La vuelta al cloro

En momentos de la temporada como la temible "vuelta a las nadadas" agradeces formar parte de un deporte en equipo. El primer día todo el mundo, sin excepción, llega a la piscina con esa extraña sensación… 50% relax y felicidad, 50% pánico incondicional de “a ver con qué me voy a encontrar”. Conoces tanto a tus compañeras que su expresión es inconfundible, y te reconforta saber que, sin decirlo, os entendeis mutuamente y vais a pasar por el "calvario" juntas.

Es impresionante como cuesta conseguir la condición física y lo rápido que la puedes llegar a perder, y el primer día eres más consciente de ello que en ningún otro. Es normal saltar al agua y sentir que te mueves con el estilo de una cafetera oxidada del siglo pasado, pero cuando miras a tu alrededor te das cuenta de que tampoco desentonas tanto y, pensándolo bien, no sabes si alegrarte por ello o directamente echarte a llorar.

Lo bueno es que con el paso de los años cada vez te adaptas mejor a la pretemporada y conservas más tus habilidades, así que con unos días de trabajo y agujetas la cafetera va convirtiéndose en cuerpo de deportista otra vez.

Verano de desconexión

Durante la primera semana de entrenos, cuando salimos del agua, nos pasamos horas contándonos las batallitas veraniegas. Calculando que normalmente estamos juntas unas 60 horas a la semana… ¡Tenemos que recuperar el tiempo perdido! Y nos reímos de nosotras mismas cuando justo al terminar la última competición dijimos… “No voy a tocar agua ni que me paguen”, “No pienso meterme en una piscina en todo el verano”. Y luego… milagrosamente, vas a la playa y aparecen unas pinzas en tu bolsa. Y al final hay una especie de fuerza sobrenatural que te llena de inspiración y de repente te ves a ti misma probando figuras y tonterías en el agua. Y piensas… ¿Será una patología? Pero en un deporte como el nuestro, cuando has estado tantos meses entrenando bajo tanta intensidad, llega un momento en el que tu cuerpo te pide hacerlo por libre. Sin reglamentos ni límites, bailar en el agua sin que eso te produzca urticaria, como a veces nos pasa a finales de temporada cuando nos pasamos casi 12 horas allí dentro.

Paula Klamburg inspeccionando las aguas marinas

Hay que decir que este impulso de hacer sincro durante las vacaciones nos sale especialmente en el mar, pero algunas se ponen tanto en el papel que acaban rompiendo la “orden de alejamiento al cloro” y se pasan varios días yendo a la piscina. Conclusión, que la mayoría seguimos pasando el verano entre mil burbujas.

Para compartirlo con vosotros he recopilado varios videos de nuestro “verano de desconexión” en el que aparecemos las que nos dio por grabarnos en estos momentos de inspiración. Las que no salen no es que me caigan mal, simplemente no tuvieron ocasión de utilizar la cámara o se olvidaron de cargar la batería… Quién sabe.


Las protagonistas son Ona, Irene, Txell, Sara, Cecil, Paula Ramirez y servidora. Por último quiero añadir que si nuestro entorno más cercano no está familiarizado con el medio acuático nos encargamos de que así sea, y siempre encontramos el momento de enseñarles cuatro remadas o maneras de sostenerse en el agua. No os pasará desapercibida la aparición estelar de dos artistas invitados: Aleix, la pareja de Sara, cuando salen nadando juntos como pececillos y mi prima Ari, que la engañé para que me sujetase en una figura… Los dos son waterpolistas así que ninguno murió en el intento.



viernes, 31 de julio de 2015

Patas arriba

Todos los que nos conocéis y habéis convivido con nosotras sabéis perfectamente que cuando viajamos no podemos estar más de diez minutos sentadas en una posición normal. Es decir sin poner los pies en el reposa cabezas del asiento de delante o donde sea para estirar las piernas.

Ya es un ritual del equipo llegar al típico autobús de la organización, que siempre nos recoge en el aeropuerto, y sentarnos todas patas arriba. Me acuerdo que una vez viajando en avión hacia México, de repente se me acerca un azafato y me dice: perdona, tus compañeras se sientan un poco raro, no? Y efectivamente saco la cabeza por el pasillo y veo todo de pies saliendo como antenas por encima de las cabezas de los pasajeros... La gente debe alucinar con nosotras.



Y hago esta introducción porque para nuestra sorpresa, al llegar a la villa, la primera norma que nos comunicó nuestro amigo Constantin (un voluntario que por cierto sospechamos que se quiere casar con Cecil o algo así) fue: "lo siento por vuestra flexibilidad pero en estos autobuses está prohibido poner los pies en cualquier lugar que no sea el suelo". Un escándalo total. El resumen es que llevamos un récord de dos semanas sentándonos como la gente normal.

Todo sea para que no se enfade Constantin... Al principio pensamos, estas normas tan raras que significan? Los rituales de los deportistas no se tocan. Pero luego empezamos a observar fenómenos paranormales de los de la organización, como por ejemplo que cada vez que subíamos al bus sellaban las puertas con pegatinas (por si entrara algun indeseable durante el trayecto), y cada vez que llegábamos a la villa un hombre vestido de camuflaje se ponía a mirar los "bajos" del transporte con un espejo con ruedas... (por si encontrara algun regalo relleno de dinamita). Así que nuestra intuición nos dice que a esta gente le preocupan los atentados terroristas. No se en que puede interferir poner las piernas en alto pero por si acaso seguiremos sin hacerlo.



Y ahora entre tú y yo, cuidado con las apariencias porqué detrás de estas sonrisas se encuentra alguna terrorista infiltrada... Menudo peligro!

martes, 28 de julio de 2015

Animar como si no hubiera mañana

En este equipo hay una espécie de norma que nunca se ha establecido pero que todas tenemos presente. Si no nadas una prueba tienes que gastar la misma energía que tus compañeras en el agua pero animando desde fuera.

El caso más claro es cuando nada el dúo o el solo, donde las cheerleaders somos más de diez personas, entre nadadoras, fisios, médicos, y alguna entrenadora ya que a pie de piscina sólo permiten el paso a dos. Normalmente durante las competiciones que no son de equipo, mientras el dúo o el solo se prepara, nosotras seguimos entrenando en la piscina de entreno, que en el caso de Kazan se encuentra a menos de diez metros de la de competición. Allí tenemos pantallas gigantes que nos permiten ir siguiendo las rutinas de reojo, entonces cuando van a salir las nuestras nos sacan del agua, siempre apurando porqué cada minuto vale oro y seguro que se puede mejorar algo... Y nos subimos corriendo a las gradas para animar como si no hubiera mañana.

Con las prisas a veces ni nos quitamos el gorro o nos vamos con el albornoz puesto y tenemos una pinta de marujas que no es normal. Pero nosotras lo que queremos es dar mucha energía a nuestras compañeras así que con nuestra voz y algunos cacharros para hacer ruido nos vale. De esta parte se suele encargar Paula Klam, la animadora del grupo que siempre compra carracas, manos gigantes para aplaudir, trompetas o lo que encuentre por ahí. Y al final, junto con la ayuda incondicional de los padres, solemos ser la afición más marchosa de todas.

El otro día nos cogió un ataque de risa porqué justo termina la actuación del dúo técnico de Ona y Clarita y aparece un plano detalle del tattoo de la madrileña con el maquillaje un poco borroso. Nosotras estábamos en proceso de escandalización cuando ipso facto cambian de cámara y nos vemos en la pantalla gigante con una expresión de empanamiento extremo, como podeis comprobar a continuación...


A parte ese día veníamos de la villa porque era muy temprano y se ve que aun no habíamos despertado del todo. Así que poniendo a prueba nuestros reflejos y capacidad de reacción intentamos arreglarlo de la mejor manera posible. Eso pasa por grabarnos al final del ejercicio y no durante que es cuando estamos "on fire". Cuando termina estamos cansadísimas, porque no olvideis que intentamos gastar la misma energía que si estuviéramos en el agua.